Un estudio realizado en el noroeste de España identifica al radón residencial como un factor de riesgo ambiental para desarrollar enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) en personas que nunca han fumado.
La investigación muestra que el riesgo aumenta de forma significativa cuando la exposición al gas se prolonga durante más de 40 años en la misma vivienda, lo que apunta a un proceso lento y acumulativo. Como ocurre con el tabaco, el radón necesita décadas para provocar un daño pulmonar suficiente como para que aparezca la enfermedad. En este contexto, el estudio confirma que vivir con niveles elevados (≥300 Bq/m³) se asocia con un riesgo hasta 2,79 veces mayor de desarrollar EPOC frente a niveles bajos (<100 Bq/m³).
Además, los datos apuntan a que el impacto no sólo se limita a la aparición de la enfermedad. Los niveles altos de radón también se asocian con una mayor gravedad en la obstrucción del flujo de aire —hasta el 50% de los casos más graves estaban expuestos a concentraciones elevadas— y con un incremento en las hospitalizaciones por complicaciones respiratorias.
Aunque el tabaquismo sigue siendo la principal causa de EPOC, este estudio recuerda que alrededor del 30% de los casos se dan en personas que nunca han fumado, lo que refuerza la importancia de tener en cuenta e investigar más sobre factores ambientales.
¿Qué recomiendan los investigadores?
A partir de estos resultados, el estudio plantea varias medidas de prevención. En primer lugar, recomienda medir la concentración de este gas en la vivienda, especialmente en aquellas situadas en zonas de riesgo, como las que presentan suelos graníticos. Para obtener valores fiables, es aconsejable utilizar detectores adecuados, como los de trazas nucleares, colocándolos en estancias de uso habitual como los dormitorios durante un periodo mínimo de tres meses.
En caso de que los niveles detectados sean elevados y superen los 300 Bq/m³, se sugiere aplicar medidas de mitigación que permitan reducir la concentración de radón en el interior. Asimismo, se subraya la importancia de mantener estas prácticas preventivas a lo largo del tiempo, ya que el efecto del radón es acumulativo, lo que hace especialmente relevante controlar la exposición prolongada, sobre todo en personas que han residido durante muchos años en la misma vivie
El estudio fue realizado por un equipo multidisciplinar de investigadores liderado por Carlota Rodríguez García, actualmente jefa del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Arquitecto Marcide de FerroL y publicado en la revista: Environmental Sciences Europe


